Un soplo de aire fresco en el Picarral

En estos días en que la crisis económica y quienes la están gestionando dificultan cualquier mensaje de optimismo, he recibido un soplo de aire fresco y de esperanza paseando por las calles de los polígonos industriales del Picarral. Allí, he vuelto a comprobar de primera mano la importante labor que, desde hace años, desarrollan las entidades sociales de Zaragoza, ésas entidades con las que Belloch negoció la aprobación de su presupuesto y a las que intentó “racanear” unos cientos de miles de euros. Allí, junto a los responsables de la Fundación Picarral, he observado como cientos de personas con dificultades para insertarse laboralmente han encontrado una oportunidad de trabajo y de integrarse socialmente a través de empresas como MAPISER, ANOBIUM o ARAPCK.

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Allí, entre pucheros, tornillos y palés, he admirado el magnífico resultado del trabajo y del esfuerzo de quienes viven su vida pensando en los demás y, sobre todo, en quienes más lo necesitan.

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Para todos ellos, mis felicitaciones más sinceras y mi ánimo para seguir adelante con un proyecto que, además del reconocimiento de los premios, tiene el reconocimiento social de todos los zaragozanos.

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