El Compromiso de Caspe sigue presente en Aragón

Pocas satisfacciones mayores hay para alguien que como yo ha pasado la mayor parte de su vida vinculada a la Universidad que estar presente en un acontecimiento como fue el XIX Congreso de Historia de la Corona de Aragón, congreso que se enmarcaba dentro de los actos que se están celebrando para conmemorar el centenario del Compromiso de Caspe.

Cumpliendo esa doble misión de la Universidad que es profundizar en el conocimiento y difundirlo, me gustaría resumir aquí algunas de las palabras que trasladé a los participantes durante la clausura que tuvo lugar este fin de semana.

Este no fue un Congreso más. En primer lugar porque pocos Congresos científicos pueden enorgullecerse de ser continuadores de una tradición tan dilatada y tan rica. Como se recordó en la sesión de inauguración del Congreso el pasado martes, “hemos encendido una luz que brilló por primera vez en el ya lejano 1908, hace por tanto 104 años”. Estamos pues, ante un congreso que no solo se ocupa de acontecimientos históricos, sino que ya en sí mismo es un hecho histórico centenario. Y un Congreso que lleva en ese ser centenario todas las cicatrices del siglo que nos precede pues, como nos recordaban el profesor Claramunt y la profesora Falcón en sus hermosas palabras el día de la inauguración, el Congreso ha conocido desde cancelaciones por las guerras, cancelaciones por falta de posibilidades económicas y enormes despliegues en épocas de abundancia. Y hasta tal punto es sorprendente esta circunstancia que resultaría incluso justificable plantear en algún momento  la organización de un, permítanme el neologismo, metacongreso, de un congreso que estudiara el desarrollo y la importancia de las aportaciones realizadas en sus diecinueve ediciones.

La segunda razón por la que aventuro que no ha sido este un Congreso al uso tiene por causa su objeto. El Compromiso de Caspe no es un mero hecho histórico sino que, como bien señaló hace unos días en su Pregón del Compromiso en la Ciudad de Caspe la Presidenta Luisa Fernanda Rudi “es parte inseparable, vital y palpitante del ser aragonés de modo que este Congreso”, sin renunciar a su carácter científico no se limita a la mera taxonomía de eventos acaecidos en un pasado distante y algo polvoriento sino que practica una cata a corazón abierto en el genio aragonés mismo.

El Acta del Compromiso de Caspe antes de ser restaurada

Y  si este Congreso se caracteriza  por su hondura en el eje de los tiempos, no  es menor su singularidad en el eje del espacio. Repasar el deambular histórico de sus sedes es trenzar una red que une con el hilo del interés intelectual esa antigua hermandad política y humana que fue la Corona de Aragón. En efecto, ediciones anteriores del Congreso han tenido lugar en  Barcelona, en Valencia, en Mallorca, en la sarda Cagliari, donde precisamente murió el heredero de Martín el Humano, en Nápoles, en Palermo, en Montpellier…

Vuelve ahora de nuevo y por quinta vez ya el Congreso a tierras aragonesas para celebrarse en tres escenarios que tuvieron una especial relevancia en el motivo del centenario que celebramos: el Compromiso de Caspe. En una de ellas, Alcañiz, se diseñó lo que hoy llamaríamos la “hoja de ruta”; en la segunda, Caspe, se celebraron las sesiones de deliberación y se proclamó al candidato electo; en la Catedral de la Seo de la tercera, Zaragoza, se coronó con todo esplendor al elegido: Fernando I.

El esfuerzo generoso que se ha hecho para obtener el singular éxito de este Congreso que ahora concluye es digno de mención, y una muestra más de que con acuerdo y colaboración, no se pueden esperar más que éxitos.

Un éxito que no se encuentra únicamente en la mera sucesión de ponencias y comunicaciones, elemento nuclear de cualquier Congreso, sino en esos mundos paralelos que lo rodean: el continuo debatir y compartir ideas fuera del espacio de las sesiones, en ese trenzar de relaciones personales que se renuevan o se inician y que cristalizarán más adelante en colaboraciones insospechadas, en ese conocimiento siquiera  sea levemente de una Comunidad como la de Aragón, dueña de un pasado memorable y, pese a las dificultades efímeras  del presente, impulsada a un futuro prometedor.

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Una respuesta

  1. Todo compromiso,no solo el de Caspe, estará presente mientras exista gente con tanta contracción al trabajo como tu.
    Pablo B.Serrano

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